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miércoles, 5 de marzo de 2014

Schlierbacher Landstraße

Los siguientes días los dividiré en varias entradas diferentes, porque son demasiadas cosas para contar en una sola.

El día del domingo fue un día para recoger cosas, hacer maletas de nuevo y pensar en qué pasaría al día siguiente, cuando, por fin, me darían las llaves de la habitación de mi residencia. Lo pasé todo el día en pijama y, sobre las ocho y como cada domingo, Anni vino y nos pusimos a ver Tatort. El capítulo del domingo era en Austria, así que tampoco entendí mucho.

La mañana del lunes me desperté temprano y, envuelta en mi abrigo y bajo dos capas de ropa, me encaminé hacia la Triplex-Mensa para recoger las llaves de la habitación. Allí, una amable señorita con un marcado acento alemán, nos explicó a mí y a dos chicos que conocí dónde estaban nuestras respectivas residencias. Las suyas estaban en Neuenheimerfeld, al norte del a ciudad, la zona universitaria por excelencia, también algo alejada del centro. La mía está en Schlierbach Landstraße, es decir, en el culo de Heidelberg. Ni siquiera está en el mapa. El supermercado más cercano está al otro lado del río, junto con el ayuntamiento. «¡Esa residencia es de las más nuevas!», decía la mujer, como intentando mitigar un poco la estocada. Más que decepcionada, me acerqué al mostrador y pagué el primer mes junto con la fianza; en el puesto de la universidad nos dijeron que hasta que pudiéramos comprar el Semesterticket, lo mejor sería que comprásemos una tarjeta para los cuatro días que había hasta el jueves para poder movernos por la ciudad. Lo único que se me pasaba por la cabeza durante el trayecto de vuelta a casa de Anni era «¿Por qué a mí? ¿Para qué solicité la residencia tan pronto, si se han pasado mis preferencias por el forro gorro?». Ni siquiera ella sabía dónde estaba eso. Para colmo de males, el ayuntamiento no abría los lunes, así que ya era otro día más que no podía ir a hacer el empadronamiento.

Tras revisar el contrato por enésima vez, me fijé en un pequeño detalle: el contrato dura ¡hasta el 30 de septiembre! No de agosto, que es cuando acaba el semestre oficialmente, no. Otra cosa más para hacer: ir a reclamar al Studentenwerk. Tras terminar de poner en orden mis cosas, tomé dos de los cuatro pesados bultos que tenía y me encaminé hacia la estación principal de Heideberg, la Hauptbahnhof para comprar una tarjeta de transporte válida durante los cuatro días siguientes, en los que me tendría que mover bastante, antes de que me dieran mi carné de estudiante. La tarjeta cuesta 16,50 €, pero yo casi la amorticé en el primer día, ya que los autobuses que van a mi zona cuestan 2,40 € por viaje.

Por fin, después de pasar veinte minutos en un autobús en el que conocí a tres de mis vecinos (un chico japonés y un chico y una chica chinos) y de ver desde la ventana un cartel que indicaba el fin de Heidelberg y el comiendo de Schlierbach, llegué a mi residencia. Dos edificios unidos por pasarelas, de tres pisos de altura y con cinco puertas por piso, todo muy sobrio, muy industrial, muy gris, muy triste.Al abrir la puerta (que me costó encontrar, llamé en inglés, por si había alguien dentro. Salió a recibirme una chica que en un primer momento me pareció italiana. Le dije que era Erasmus y ella me dijo que también, que ella era ¡de España! Mi cara de sorpresa y mi «¡¿También?!» hicieron el resto. Nuria (así se llama mi compañera, que también estudia Traducción y que conoce a mis dos compañeros que llevan aquí desde principios de curso) me enseñó la casa, la cocina, y el baño que comparto junto con un chico y una chica, ambos alemanes. Mi habitación era la número tres, y, detrás de la puerta, encontré una habitación muy amplia, con una cama con buena pinta y una estantería y un armario gigantescos. No estaba mal. Vacía, totalmente, pero nada mal. ¡Y con vistas al río! Pondré fotos en cuanto me sea posible.

Me esperaban otro par de viajes para terminar de traer todas las cosas a mi habitación, y me esperaba también el momento de despedirme, por ahora, de Anni. Dos autobuses, un paseo por Aldi para comprar una almohada y más de una hora después, llevé el resto de mi equipaje a la habitación. Cogí otro autobús de nuevo que me llevó a Altstadt, al Infocafé, donde me dieron las llaves, e intenté aclarar lo del contrato. Al parecer, este semestre va a durar de forma extraordinaria siete meses, por eso mi contrato también tiene esa duración. De todas formas, me dieron el formulario de renuncia y me dijeron que quizá podrían encontrar a otro estudiante que quisiera completar el resto de mi estancia si yo quería irme antes del tiempo estipulado en mi contrato. Yo pensé que quién iba a querer vivir al otro lado de la montaña, pero que lo intentaría igualmente. Una rápida visita a Galeria Kaufhof (también conocido como El Corte Inglés alemán) tuvo como resultado el disponer, por fin, de una sábana bajera para mi cama. ¡Ya lo tenía todo!


Por fin, tomé el último autobús de día y llegué a casa, donde empecé a desempaquetar todas las cosas y a intentar acostumbrarme al que será mi hogar durante los próximos seis meses. 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Herr und Frau Hardt

La mañana del lunes amaneció con un cielo despejado más propio de Málaga en primavera que de Heidelberg en pleno invierno. Con las pilas cargadas tras una noche de sueño menos fría que las anteriores, encaré la semana con una muy buena noticia: la profesora de interpretación —que no suele admitir a alumnos nuevos en el segundo semestre— me decía en su correo electrónico que, como parecía tan interesada, me probaría la primera semana de clase. ¡Era bastante más que el no del principio! 

Más contenta que unas castañuelas, me fui con Anni camino de Relaciones Internacionales (aquí el Akademischesauslandsamt) a que me firmaran el certificado de llegada; allí, una señorita muy amable y de la que solo entendí «no», «no ha empezado el semestre» y «el jueves de la semana que viene», me indicó que todavía no me lo podían firmar, y que esperase hasta entonces.

Con un palmo en las narices, me dirigí a una oficina de seguros médicos que hay cerca del Institut für Übersetzen und Dolmetschen, donde en menos de cinco minutos conseguí mi Befreiung von der Krankenversicherungspflicht, que es el documento que acredita que estoy exenta de contratar un seguro médico mientras esté aquí.

Camino de vuelta a casa vi, por fin, en un callejón apartado de la vista de todos, lo que no esperaba encontrar en ninguna parte: ¡carritos de la compra! Y a un precio más que asequible: 14,99 €. El único problema es que aquí nadie los usa. Y cuando digo nadie es nadie. He visto a señoras más viejas que un nudo y de escasos cincuenta kilos montadas en bici con sus bolsas de la compra, pero nadie lleva un triste carro. Yo, que iba tan decidida, creo que no seré quién rompa la tradición.

Tras una parada en DM, llegamos de nuevo a una de las tiendas que pienso visitar bastante a menudo: Kaufland; esta vez para comprar manzanas, leche en abundancia y preparado para hacer pudding (o lo que es lo mismo: almidón de maíz y aditivos). De nuevo, Kaufland me dejó con la boca abierta, ya que tenían un pasillo entero para productos de repostería —zum Backen, que dirían aquí, a falta de un solo verbo en castellano—; preparado con sabor a vainilla, chocolate, almendras, caramelo, fresa… ¡hasta azúcar especial para mermelada! Cualquiera que pasara por al lado pensaría que estaba como una cabra (y tendría razón), pero es que a mí estas cosas me pueden.

El resto de la tarde transcurrió tranquilamente, con un sol espectacular, y me dediqué a escribir a profesores preguntando por sus asignaturas y a… ¡hacer la lista de la compra para IKEA! Efectivamente, al día siguiente íbamos a ir a la reina de las tiendas suecas, y había que pensar en todo lo que necesitaría: edredones nórdicos, funda nórdica, almohada, sartenes, ollas, vasos, platos… 

El día terminó con una buena ducha y unas natillas de chocolate amargo.

El día del martes pintaba tranquilo, pero nada más lejos. Por la mañana lo único que hicimos fue ir al ayuntamiento (Rathaus) a que Anni arreglara unos papeles. Por la tarde, a eso de las 16.30, enfilamos el camino hacia la estación principal de Heidelberg (Hauptbahnhof) para coger el tren que nos dejaría algo más cerca de IKEA. Hasta la tienda fuimos en el coche familiar de ella, junto con su madre; allí compré casi todo lo que tenía apuntado en mi lista, salvo algunas ollas, cubiertos (porque no he encontrado más que cuberterías completas), una almohada, un tendedero y una funda para el colchón —yo soy muy cuadriculada y tengo la capacidad de improvisación de un botijo, y como no haya lo que yo busco pierdo totalmente el norte, así que prefiero dejarlo sin comprar—, que aviaré en algún sitio por aquí cerca. El edredón lo he comprado de nivel térmico 3, el Mysa Stra, junto con otro sencillo de nivel térmico 1, y ya os contaré si sobrevivo a las frías noches o no. Resultado: tengo casi todo por unos 40 €. ¡Nada mal!

No obstante, aquí empieza la verdadera aventura del día. La vuelta fue más complicada, porque el coche estaba cargadísimo con los muebles que había comprado mi anfitriona, y tuvimos que ir a recoger a su padre a su lugar de trabajo. La pregunta era: ¿dónde se sienta? El maletero del coche y el propio coche eran largos, pero los muebles de Anni lo eran más aún y yo iba sentada en el único asiento que había libre detrás. No pude evitar pensar durante todo el viaje que, si no hubiera estado yo allí, podrían haberse sentado como Dios manda. Tras algunos de los minutos más angustiosos de mi vida, paramos en un lugar en medio de ninguna parte, y me dijeron que parábamos a cenar algo porque era muy tarde (si supieran que a las 19.30 yo estoy pensando en qué voy a merendar, ¿qué pensarían?).

Creo que pocas veces he pasado más vergüenza en mi vida. Imaginaos a uno de los seres más apocados del mundo sentado a la mesa con una familia tres germanoparlantes, dos de los cuales hablan en un dialecto del sur que a veces ni los del norte entienden, que os han invitado a cenar, que os han llevado y traído a IKEA (que está en el culo de aquella parte del mundo) y que son las personas más amables y simpáticas con las que os habéis topado desde que llegasteis. Pues ahí estaba yo. Más roja que un tomate y con una pizza de proporciones dantescas para comérsela a las siete de la tarde en un plato.

En este momento me gustaría destacar que yo intento seguir la regla de donde fueres, haz lo que vieres, pero hay cosas que me resultan imposibles, como la velocidad de engulle de los alemanes. Y es que esta gente cuando come, come, y cuando habla, habla, pero no mezcla ambas cosas. Cuando les dije que no podía seguir su ritmo, el padre de Anni me contestó, entre risas y de broma, que es porque no tienen tiempo de nada.

Pese a la aterradora situación que os he pintado antes, la velada transcurrió de manera más que aceptable. No sé si es que se me va haciendo el oído o qué, pero los voy entendiendo mejor y puedo ir respondiendo a sus preguntas, con más o menos titubeos.

Me voy a saltar la parte en la que, tras el amaretto que nos sirvieron después de la cena y más roja inclusive que antes, intenté por todos los medios y con mi pobre alemán agradecerles a Herr und Frau Hardt todo lo que ese día habían hecho por mí (y que agradezco todo lo profundamente que se pueda agradecer algo) y voy directamente a uno de los mejores momentos de la noche: subir a pulso los muebles hasta un cuarto piso después de habernos metido entre pecho y espalda una pizza cada uno. El mejor momento, sin duda, es en el que, cargando con un armario por las escaleras, llamé al padre de Anni señorA Hardt. Él no entendía nada (bueno, claro que lo entendió), yo solo quería que me tragara la tierra y Anni no paraba de reírse (Entschuldigung, Herr Hardt!). Hoy estaba lo que se dice sembrada.

¡Suficientes cosas para dos días! Dentro de poco volveré a la carga, pero mis riñones necesitan descansar por hoy.

¡Ho!



sábado, 15 de febrero de 2014

Vamos por partes

¡Saludos a todos otra vez!

En mi anterior entrada dije que iba a dejar el otro papeleo al que uno tiene que enfrentarse para cuando llegase a Heidelberg, pero acabo de terminar los exámenes en Málaga, no tengo nada que hacer y estoy frita por escribir algo que me permita liberar un poco de la tensión que me atenaza las entrañas cada vez que pienso que en menos de siete días ya no estaré por aquí. Así las cosas, ¡entrada nueva!

Como ya comenté, a la vez que lidiéis con el Antrag auf Zulassung und Immatrikulation, con el registro en la plataforma virtual de la universidad y con la foto que tendréis que enviar, también os llegarán, cuando menos lo esperéis, dos nuevos mensajes de correo electrónico desde la universidad: en el primero os facilitarán el formulario para solicitar una habitación en una residencia de estudiantes (Studentenwohnheim) del Studentenwerk (el Studentenwerk es una asociación a nivel nacional encargada de varios asuntos relacionados con los estudiantes universitarios); en el segundo os harán llegar otro formulario, pero esta vez para solicitar una plaza en un curso previo (e intensivo) de alemán, el vorbereitender Deutschkurs, que ya he mencionado en alguna ocasión.

Vamos por partes.

La residencia. El Studentenwerk (que no la universidad), tiene una serie de residencias repartidas por toda la ciudad, destinadas a alojar a estudiantes universitarios. Las habitaciones, según tengo entendido, suelen ser todas individuales (es decir, no compartes habitación con nadie) con cocina y baño compartidos desde tres hasta ocho o nueve personas. Los precios están entre los 230 y los 310 €, aproximadamente.

La única pega que tiene es que, ¡sorpresa!, la residencia no se puede elegir. Sí, sí, así. Al solicitar la plaza, deberéis también rellenar otro impreso en el que elegís, de entre tres tipos de habitaciones (cada una con una pequeña explicación al lado), qué tipo de habitación os gustaría, pero no significa que puedan siempre darte una con las características que has pedido. De hecho, no os aseguran que consigáis una. Debido a la inmensa cantidad de estudiantes que acoge la universidad, de los cuales muchos son Erasmus, las residencias no son suficientes para alojarlos a todos, y solo una pequeña parte se reserva para los Erasmus, aunque de todas formas siguen siendo bastante pocas en comparación con el número estudiantes que las solicitan.

En esta sección de la página web de la universidad podréis encontrar mucha información sobre el alojamiento en la ciudad como estudiantes Erasmus, además de todo lo que ya he mencionado aquí arriba. En la página del Studentenwerk podéis echarle un vistazo a las distintas residencias de Heidelberg, por si caéis en alguna.

Una vez que hayáis enviado la solicitud (en noviembre en mi caso) solo os quedará esperar. Debéis ser bastante rápidos, pues, al menos este semestre, las plazas se adjudican según van llegando solicitudes, ¡así que sed prestos! En enero, más o menos, sabréis si habéis sido agraciados con una habitación en una Studentenwohnheim, aunque —y aquí viene lo mejor— no sabréis cuál es hasta que lleguéis a la ciudad.

Yo he tenido la gran suerte de haber obtenido una habitación, así que no puedo hacer más que aguardar hasta que llegue el momento en el que me den las llaves de mi habitación.

Por supuesto, alojarse en una residencia del Studentenwerk  es solo una de las opciones posibles. Cuando os envíen el correo en el que os hablarán de todo esto, también os enviarán una lista con las residencias privadas que existen en la ciudad, además de una serie de páginas web en las que podréis buscar un piso compartido (Wohngemeinschaft o WG).

Si queréis alojaros en una residencia o en un piso compartido debéis valorarlo vosotros mismos según vuestros gustos o necesidades.

Ahora vamos a por la segunda parte: el curso de alemán. Esto es más cortito.

El Internationales Studienzentrum (ISZ), ofrece, al principio de cada semestre (en el mes de septiembre para el Wintersemester y en marzo para el Sommersemester) un curso intensivo de 80 horas de alemán para aquellos alumnos que, de nuevo, lo soliciten y obtengan una plaza. Hay para todos los niveles y el precio es de 300 €.

En su página podéis ver toda la información y comprobar que no os miento. Yo obtuve también plaza en el curso, así que espero poder ir comentándoos cómo se va desarrollando. De momento solo sé que la prueba de nivel que realizan tengo que hacerla el 4 de marzo.

Y bueno, ¡hasta aquí! Si tenéis alguna duda, podéis leeros las páginas que os he puesto escribirme y os intentaré ayudar en lo que pueda o enviar directamente un mensaje a los encargados de los estudiantes Erasmus de la universidad de Heidelberg.

¡Un saludo, gracias por leer y hasta la próxima (que espero que sea antes de irme)!


sábado, 8 de febrero de 2014

¡Ah, la burocracia!

¡Vamos con la siguiente entrada!

Una vez de que os he convencido para que vayáis a Heidelberg, os voy a contar un poco más sobre la universidad y hablaré un poco sobre lo que hay que hacer como Erasmus para ser un feliz estudiante de la Ruprecht-Karls-Universität Heidelberg.

Como ya os adelanté en la anterior entrada, la oferta académica de la universidad es amplísima, vastísima; una locura. La principal diferencia con nuestro sistema es que no tienen el concepto de año académico tal y como lo tenemos nosotros, sino que existen dos semestres anuales: el Wintersemester y el Sommersemester. El semestre de invierno se extiende desde el 1 de septiembre hasta el 28 de febrero, aunque las clases suelen comenzar a mediados de octubre y suelen acabar a principios de febrero; mientras, el de verano va desde el 1 de marzo hasta el 31 de agosto, aunque, de nuevo, las clases no empiezan hasta mediados de abril y acaban a finales de julio. Esto nos deja con períodos vacacionales de hasta dos meses y medio entre semestres (todo dependerá de la carrera, imagino).

En cada semestre se ofertan asignaturas diferentes —aunque en muchos casos las asignaturas del segundo semestre son segundas partes de las que se impartieron en el primero—, así que no os podéis fiar demasiado de las asignaturas que veáis a la hora de hacer el papeleo y el acuerdo académico, ya que pueden cambiar perfectamente de un semestre para otro, y lo más seguro es que lo hagan.

Ahora bien, ¿dónde se pueden ver las asignaturas de cada semestre? Poco antes del comienzo del Winter- y el Sommersemester entre un mes y dos antes, aproximadamente—, se publica el Vorlesungsverzeichnis (el programa de asignaturas y cursos de la universidad), donde se pueden consultar todas las asignaturas (y cursos, naturalmente) que se van a impartir. Aquí podéis consultar los del Sommersemester 2014, que es el siguiente, pero podéis consultar los anteriores cambiando de semestre con el botón que hay en la esquina superior derecha y que pone «Sommer 2014».

Como véis, hay muchas asignaturas, ¡muchas! Además, no solo se imparten en alemán, sino que, dependiendo de la asignatura, la carrera, etc., se pueden impartir en inglés, español, portugués, italiano... ¡Igualito!

Tendría que contaros muchas más cosas sobre la universidad, pero creo que mejor lo haré cuando llegue y lo vaya viendo con mis propios ojos y lo vaya experimentando en mis propias carnes, porque tampoco quiero aburrir a las ovejas.

Sí os quiero hablar antes de otro tema que a más de uno nos echa para atrás al principio: el papeleo. ¡Ah, la burocracia! Montañas de papeles esperando pacientemente a ser rellenados, firmados, escaneados, enviados... Certificados, informes, formularios, el tío de la moto y la madre del tío de la moto por ahí también... Afortunadamente, una vez finalizado el papeleo con vuestra universidad de origen, en la universidad de Heidelberg el papeleo previo no es para tanto. El previo. Del otro no puedo hablar, por razones obvias.

Muchos pensaréis que para qué cuento esto, pero yo lo eché de menos cuando me tocó hacerlo y, con que le sirva sólo solo a una persona, me doy más que por satisfecha.

Varios meses antes del comienzo del semestre (alrededor de mayo o de noviembre, según el caso) os mandarán un e-mail desde la universidad en el que os explicarán qué pasos tenéis que seguir para registraros en la plataforma virtual; además, os harán llegar el Antrag auf Zulassung und Immatrikulation, que tendréis que rellenar y enviar por correo postal; asimismo, os pedirán que enviéis una fotografía con vuestros datos, todo antes de una fecha límite. Una vez de que os confirmen que lo han recibido todo, ¡ya está! Poco antes (bastante poco antes) del comienzo del semestre, os llegará por correo postal el Zulassungsbescheid, en el que, por fin, apareceréis como estudiantes oficiales de la universidad.

Hay otros formularios que rellenar y enviar, pero son opcionales (para solicitar alojamiento en una residencia del Studentenwerk y una plaza en un curso previo intensivo de alemán, el vorbereitender Deutschkurs) y, al igual que con el resto de cosas de la universidad, las voy a dejar para cuando llegue, que así estará más organizado.

Con esto ya me he extendido más de lo que quisiera, así que lo dejaré aquí por ahora.

Si habéis aguantado hasta aquí... ¡gracias y hasta otra!